La nueva campaña de Gillette para promocionar sus maquinillas consiste en la creación de una web interactiva que promueve la "Campaña de ayuda al hombre lija", un movimiento contra la típica barba de tres días.
Conforme vamos pasando de una "sala" a otra nos ofrecen distintos contenidos reletivos a la maquinilla, comenzando con un video promocional al estilo de falso documental, seguido de la exposición de la gama de productos
Bueno, sonar no suena del todo mal, pero entonces ¿Por qué el título de este post es ayuda a los publicistas? Porque, pese a que la teoría no es mala del todo, la web en sí me parece contraria a la mayoría de planteamientos de márketing que funcionan tanto en internet como en otros medios. Con ello quiero decir que no existe una relación directa entre el el coste y trabajo del anuncio y su calidad.
El primer fallo que podría hundirlo nada más empezar son los tiempos de carga. En mi opinión, ya debe costar bastante conseguir que el público acceda de forma activa a una web de publicidad y acepte interactuar con ella como para obligarle a esperar entre cada paso.
Reconozco que no tengo la conexión más rápida del mercado, pero he probado desde dos puntos diferentes y en ambos le ha costado moverse. Teniendo en cuenta que en los anuncios de televisión la atención del espectador suele durar menos de 15 segundos y que para los carteles muchas veces sólo dedicamos el rabillo del ojo, confiar en que queramos dar nuestro tiempo (y gran parte del ancho de banda para las conexiones bajas) por un anuncio me parece tener demasiada confianza.
Tanto al empezar cómo conforme avanzamos, tras la carga, nos encontramos con vídeos que necesitarán otra espera más antes de poder visualizarse.
El video en sí también peca de cierta soberbia al tener audio, lo cual exige toda la atención del usuario, impidiendo verlo en el trabajo en lugares públicos. Por lo general los publicistas optan por una de las dos vías, si es video se aseguran de poner colores vivos y letras grandes para que nos fijemos en la parte que ocupan de la pantalla y sepamos de qué van sin dejarnos en evidencia al adjuntar sonidos que puedan delatar que en lugar de trabajar estás leyendo el periódico (por ejemplo los de coches) y si es audio (como ocurre en Spotify) sólo cortan la música un momento si impedirnos seguir haciendo lo que fuera con el ordenador.
Continuando con la página en sí, la primera vez que la abrí estaba en clase, así que previamente le quité el sonido asumiendo que me la podían jugar. Aún así duró poco abierta. La razón, el hecho de que la fila de atrás pueda ver como una señorita con sólo un batín se pasea por mi pantalla me pone nervioso. Tal vez los desarrolladores no se dieron cuenta, en su intento de emular a Axe, de que la gente usa sus ordenadores en público, por lo que si en la pantalla no aparece bien claro que se trata de un anuncio de Gillette puede dar lugar a malentendidos.
Tras navegar por toda la página, a parte de más períodos de carga, encontramos sólo tres packs de productos con poca información sobre los mismos, lo cual impide al consumidor conocer en profundida qué se está comprando en una página que en teoría esta centrada en eso.
Como colofón, por si el tono humorístico no nos llega a convencer, se afirma en nombre de todas las mujeres que un hombre debe afeitarse bajo amenaza de que sus parejas dejen de depilarse.
Yo me pregunto si esto es sólo una campaña algo perdida o es el inicio del combate contra el próximo movimiento en tendencias masculinas, pues parece que después de la metrosexualidad, con su consiguiente ola de consumo en material de cuidado masculino, vuelve la barbita de tres días y el look ligeramente grunge. Lo cual supondría un descenso tremendo en las ventas de todo su material, especialmente en los productos anexos de los que no tenemos siquiera referencia de precio. Pues si ya es complicado saber como de cara es una cuchilla de afeitar cuando como mucho hay tres marcas, las cremas y ungüentos que salieron con la moda tienen diferente calificación o composición entre marcas, imposibilitando una comparativa clara.
Por otro lado, se trata de una maquinilla de afeitar, artículo de larga duración. Yo en diez años he tenido dos, una que me regaló mi padre y otra que me compré yo, comprando periódicamente los cabezales específicos de ese modelo no me he preocupado desde entonces, por lo que tal despliegue publicitario podría catalogarse de excesivo, dado que si no fuera por el trabajo no me habría enterado de su existencia y no dan ningún argumento que justifique que debo tirar la mía, perfectamente funcional, para comprar la suya.
En ningún momento trato de hacer apología de una empresa sobre la otra, de hecho creo que la que uso es una Gillette match treinta y tres y un tercio con motor de ocho cilindros o algo así, ya me pierdo con los nombres que le ponen, cuando lo que me interesa es una cuchilla normal sin geles raros en ella (para eso ya tengo el aftershave) ni pilas.
Así pues, al menos yo, no considero acertado este sistema publicitario.
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